Después de aproximadamente dos meses de embarazo, los más probable es que durante la semana anterior al parto, se produzca en nuestra perra un cambio en su comportamiento. No debemos extrañarnos va recogiendo objetos para preparar su nido por ejemplo. Podrá buscar o bien un lugar tranquilo para parir, o la compañía de su amo. Por otro lado es frecuente que el apetito del animal disminuya.
El desarrollo de sus mamas es un signo inconstante, sobre todo si la perra es primeriza, ya que en estas la producción de leche puede comenzar bien el mismo día del parto o en los días posteriores al nacimiento de los cachorros. Respecto a la vulva, tres días antes del parto esta se hinchará y relajará como consecuencia del efecto de la impregnación estrogénica. Esto último en algunos casos provoca un falso celo en la perra.
Por otro lado, la temperatura rectal de la perra disminuirá levemente en las horas anteriores al parto. Podemos utilizar esto como un indicador de la inminencia del parto, pero para ello debemos tomarle la temperatura por la mañana y por la noche, en los cuatro días anteriores a la que se supone es la fecha del parto. Este factor nos indicaría pues que el feto ya está maduro.
Finalmente, hemos de saber que cuando la perra elimine de forma natural el tapón mucoso que se encontraba en el cuello del útero, entonces si que nos encontraremos ante el inminente parto. En menos de 36 horas el animal empezará a tener las primeras contracciones. El nacimiento de los cachorros podrá ocurrir o bien naturalmente o bien a través de cesárea, sin ningún tipo de riesgo para los recién nacidos. Ahora bien, hay que señalar que una inducción médica de un parto en la especie canina es algo peligroso.