La impresión 3D ya se aplica en veterinaria para operar a las mascotas

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Los avances clínicos no solo se están produciendo en el campo de la medicina sino también en el de veterinaria. Por fortuna, cada vez las técnicas que se emplean en los tratamientos en las intervenciones quirúrgicas van avanzando para ser menos invasivas. Es el caso de la impresión 3D, que ya está llegando a las clínicas veterinarias. Un buen y claro ejemplo de ello es el uso que se ha realizado de ella para operar a un perro de cáncer.

La operación

La impresión 3D es precisamente la técnica que se ha empleado para Patches, una perra de la raza salchicha, de 9 años de edad, a la que le fue diagnosticado un cáncer. Sin embargo, gracias a estos avances médicos, se ha podido salvar su vida.

En concreto, esta técnica ha sido empleada para crear una solución de dispositivos personalizados como los implantes. Patches tenía un tumor cerebral que, además, era grave.

Y eso no es todo porque su tamaño era de grandes dimensiones e, incluso, había llegado a deformar su cabeza. El problema no estaba solo en lo que pesaba, sino que incluso no podía alzar y mover la cabeza con total normalidad.

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Un motivo por el que tuvo que ser intervenida. Para ello, la operación que se realizó en el Ontario Veterinary College de la Universidad de Guelph empleó la impresión 3D. En primer lugar, se realizó un mapa sobre el tumor y se recreó en 3D se la cabeza de este perrito para luego retirar el cáncer de la maqueta.

Posteriormente, se realizó la operación ya sobre Patches tras haber probado en esta pieza con el fin de llevar a cabo la intervención con mayor seguridad haciendo uso de su modelo de cráneo desarrollado por impresión 3D. Aún con todo, la intervención fue larga porque Patches estuvo dormida unas cinco horas y media para realizarlo todo el proceso.

Un resultado muy positivo

La operación del perrito con esta técnica de impresión de 3D ha sido totalmente satisfactoria porque, de no haberse empleado, el resultado de la operación habría sido muy distinto.

Y es que se corría el riesgo de haber retirado parte de su cráneo junto con el tumor, teniendo que ponerle un hueso falsante con una pieza de titanio para sustituirlo. Sin duda, una operación quirúrgica mucho más compleja y más arriesgada para la salud del perro y que también habría supuesto un mayor coste económico.

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