Bañar al gato

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Los gatos, generalmente, se mantiene perfectamente limpios, pero a veces se producen situaciones en las que te puedes ver obligado a tener que bañar a tu mascota. No es tan duro como muchos piensan, pero lo mejor es que si decidas bañar a tu gato de vez en cuando, comiences a acostumbrarle desde que es un cachorro.

Puedes utilizar el fregadero de la cocina. Tendrás que preparar algunas “herramientas”: dos toallas, champú para gatos, acondicionador para gatos de pelo largo, dos tazas grandes y una esponja limpia. Pon algo de plástico en la base del fregadero para que tu amigo no se escurra. Lo primero que puedes hacer es llenar dos a tres pulgadas de agua a temperatura templada el fregadero.

Pruebe el agua con su muñeca, tal y como lo haría con un biberón. En una de las tazas, echa un tapón de champú y échale directamente agua para que tu amigo no note el cambio de temperatura. Coge al gato suavemente y métele de manera rápida e el agua. Mientras le llevas con cuidado háblale con tranquilidad. Dale unos minutos para relajarse. Comienza a mojarle con cuidado sin salpicarle en la cara.

Cuando esté bien remojado, échale el champú de la taza por encima. Enjuágale bien, acariciándole todo el cuerpo. Échale bastante agua hasta que los residuos del champú hayan desaparecido completamente. Con la esponja limpia y húmeda, limpie la parte posterior de la cabeza y el hocico. Con una de las toallas cógele y ve acariciándole la tripita para secarle. Ponle encima de la otra toalla y sécale con cuidado.

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