Los perros son seres vivos que también tienen la capacidad de sentir y sufrir, por lo que también pueden llegar a tener depresión al igual que las personas y por mucho que nos pueda parecer raro o imposible. Hay determinadas situaciones que pueden fomentar la depresión canina, como volver de vacaciones, pasar demasiado tiempo solos, sentirse decaídos con la llegada del otoño…
Hay que saber distinguir entre una depresión pasajera, que suele tener un origen físico y desaparece al cabo de unas semanas, con la depresión estacional, que suele llegar todos los años por la misma época y que es muy difícil poder ponerle remedio. La mejor forma de saber si el perro está deprimido es observando su comportamiento para ver si ha cambiado, si está apático, si ha perdido las ganas de comer o jugar…
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