Seis claves para saber si la gata está embarazada

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Muchas veces, cuando se tiene una mascota, no se sabe con certeza si está o no embarazada. Y es que no siempre los primeros síntomas son tan evidentes y claros como para detectarlo en la fase inicial de la gestación. Es lo que sucede por ejemplo en el caso de la gata, ya que los primeros síntomas aparecen pasados los 15 días tras la fecundación. A veces, estos síntomas no son tan claros por lo que el dueño suele tardar un poco más en darse cuenta de que la gata va a ser mamá. Sin embargo, con estos consejos se puede saber muy pronto si está o no embarazada.

Mamas

Uno de los más síntomas más claros de que la gata está embarazada es que las mamas empiezan a crecerle. De hecho, ese es el primer síntoma más visible.

El crecimiento es considerable y, además, se nota que la gata busca estimularse las mamas lamiéndolas para que se genere más leche para sus gatitos.

Náuseas

Durante el embarazo, la gata también puede sentir náuseas e, incluso, llegar a vomitar. Esto está dentro de la normalidad pero, si sucede con mucha frecuencia, es importante llevarla al veterinario porque puede haber un problema de deshidratación o afecciones sobre los gatitos.

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Engorda

Evidentemente, las gatas en estado de gestación tienden a engordar. Lo normal es que aumenten su peso entre dos o tres kilos durante todo el proceso de embarazo.

Esto suele ir relacionado con un aumento de apetito que se produce desde el principio, siendo conveniente darse cuenta para adaptar la dieta y evitar que gane más peso.

Zona genital

Otras maneras de saber si la gata está embarazada es observar su vulva. Y es que esta parte de los genitales es mucho más visible al inflamarse notablemente.

Vientre

Una de las señales más claras de que la gata está embarazada es el aumento de su vientre. No obstante, esto suele producirse más tarde conforme van aumentando de tamaño los gatitos, no siendo uno de los primeros síntomas.

Comportamiento

Durante la gestación, la gata también experimentará cambios hormonales. De esta manera, se pueden producir alteraciones en su comportamiento. De hecho, es posible que se muestre más cariñosa o que demande más atenciones.

Otros cambios habituales en su comportamiento es notarla más cansada e, incluso, que tenga más ganas de dormir o duerma mucho más tiempo.

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