El proceso de adaptación de una mascota a su nuevo hogar


Cuando un ser humano sufre un cambio en su vida, como comenzar en un nuevo empleo, trasladarse a otra ciudad o estrenar casa, su cuerpo y su mente suelen generar un extraño estado de ánimo que suele manifestarse en la incomodidad y, sobre todo, en la tensión que sufrimos y que no nos permite sentirnos relajados ni siquiera durante un segundo al día.

Esto mismo les ocurre a los animales cuando comienzan a vivir en otra casa y, de un día para otro, cambian de dueños sin que ni siquiera nadie les pregunte su opinión. El caso más claro es el de los perros, la mascota por excelencia. Aunque suelen caracterizarse por su fidelidad necesitan su tiempo para adaptarse a la nueva situación y encariñarse de sus amos.

Por ello, no debemos extrañarnos si adquirimos un perro con el objetivo de que nos dé compañía al tiempo que nos cuida la casa y a los dos días aún no quiere jugar o ni siquiera ladra. O todo lo contrario, al igual que los hombres, ellos también sufren momentos de tensión y en ocasiones puede manifestarse con signos de violencia hacia otros animales de la casa o algún miembro de la familia. Démosles un tiempo para relajarse antes de comenzar a enseñarle modales.

Y esto ocurre con todos los animales: gatos, pájaros e incluso peces. Estos últimos, de hecho, necesitan un proceso de aclimatación peculiar, ya que primero deben ser introducidos en el acuario dentro de una bolsa para que los otros habitantes de la pecera puedan observarlos sin atacarlos.

En definitiva, el mejor consejo es adquirir cachorros o animales de muy pocos días y, en caso de no ser posible, aceptar su extraño estado de ánimo como si de un humano se tratara al tiempo que le demostramos cariño para facilitar su proceso de adaptación.

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