La historia del Keeshond


El Keeshond (plural: Keeshonden) proviene de la familia de los Spitz, aunque su origen exacto no está documentado. Al parecer, su origen está en Holanda, al menos desde el siglo XVIII que es cuando se tienen noticias de este fiel compañero y enérgico guardián. La raza, más tarde, sería conocida por ser un perro de barcos, ya que se mantuvo como perro guardián de algunas embarcaciones que navegaban por el río Rhin.

Un golpe del destino hizo que la raza se viera envuelta en los acontecimientos políticos de Holanda en los años anteriores a la Revolución Francesa. El líder de la facción patriota fue un hombre llamado Kees de Gyselaer, quien era propietario de uno de estos perros. El perro se llamaba Kees y era el protagonista de las caricaturas políticas que el partido lanzaba al público. El animal se convirtió en un símbolo de patriotismo.

Por desgracia para el Keeshond, los patriotas no ganaron, y muchos propietarios de estos perros los abandonaron para que no se les identificara con la parte perdedora. Si algo más podía empeorar para la raza, lo hizo: las barcazas que flotaban por el Rin se hicieron más grandes, y las pequeñas decidieron ir prescindiendo de ellos. Sin embargo, la raza sobrevivió, aunque con un número bajo. Algunos barqueros y agricultores, se preocuparon de que la raza pudiera sobrevivir.

En 1920, la Baronesa van Hardenbroek inició una campaña de rescate de todos los animales que habían sobrevivido. Poco a poco, consiguió que la raza se recuperara y que se convirtiera en el perro nacional de Holanda. El Keeshond es bastante enérgico y juguetón, muy atento y cariñoso, y siempre está listo para la aventura. Es sensible y aprende con facilidad.

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