La castración de los gatos


Cuando acogemos o adquirimos un gato, la mayoría de la gente nos aconseja castrarlo, sobre todo si es macho, para evitar conductas molestas, como la costumbre de los gatos de marcar con la orina todas las habitaciones de la casa o el salir de casa por la noche, lo cual aumenta la posibilidad de que sufra infecciones o enfermedades. En el caso de las hembras, la esterilización se plantea como una opción para terminar con los incesantes maullidos cuando están en época de celo. Ante esta afirmación, los nuevos propietarios se preguntan si es realmente necesaria la castración y qué consecuencias puede tener para la salud del animal.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que la operación quirúrgica por medio de la cual se realiza la castración no suele tener consecuencias para el animal, ya que se trata de una operación rutinaria que se realiza a diario en las clínicas veterinarias y los problemas son excepcionales. En el caso de los machos pueden hacer vida normal inmediatamente después de la operación y las hembras tardarán unos días, pero después de ese periodo retornarán a su antigua rutina con total normalidad.

El mayor riesgo que tiene un gato, ya sea macho o hembra, después de la castración es ganar peso en exceso, ya que los cambios hormonales derivados de la misma predisponen a esta tendencia. Para evitarlo, sólo tendremos que controlar su alimentación y evitar que coma más de lo que necesita. Actualmente, además existen en el mercado alimentos específicamente formulados para gatos castrados.

Tampoco se dan, excepto en casos excepcionales, cambios de carácter negativos en las mascotas después de la operación.

La castración se puede llevar a cabo desde los tres meses de edad, pero los especialistas recomiendan esperar seis meses si es hembra y un año si es macho.

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