El jovial Samoyedo


El nombre de esta raza proviene de la tribu de los Samoyedos, que vivían en Siberia. Aunque por su blancura y su aspecto de peluche pueda parecer un perro hecho para ser admirado, la realidad es que es fuerte y trabajador, y ha sido empleado durante años como perro de trineo, guardián y perro pastor. Está acostumbrado a las bajas temperaturas, al igual que otros perros de trineo con los que comparte origen como el Husky Siberiano o el Alaskan Malamute.

De hecho, el Samoyedo cuenta en su historia con el hito de haber sido la raza que acompañó a Roald Amundsen en su expedición al polo Sur en 1911. Se trató de una perra Samoyedo llamada Etah.

Esta raza es media-grande, los machos puede alcanzar los 55 centímetros y los 30 kilos, mientras que las hembras, algo más delgadas y pequeñas, rondan los 45-50 centímetros.

Menos independiente que el Husky Siberiano, el Samoyedo se mantenía, tradicionalmente, en el interior de las casas. Sin embargo, necesita ejercicio. Tiene buen carácter, alegre y jovial incluso en su vejez, y convive bien con niños e incluso con otros perros.

Su hermoso pelo blanco, que a veces también puede ser de color pardo, no requiere demasiados cuidados, un cepillado al día es suficiente. Cuando mude el pelo, que será varias veces al año, es mejor emplear un cepillo metálico, que ayuda a quitar la capa externa de pelo.

Algunos Samoyedos portan la conocida como glomerulopatía hereditaria, una enfermedad renal. También tienden a padecer cataratas y problemas de retina.

Como sucede con otros perros de trineo, el Samoyedo está genéticamente programado para el frío. No tolera bien el calor y si vives en una zona de altas temperaturas, tener a un perro de esta raza no es buena idea.